Dejar De Fumar Es Posible
Primero de todo me quiero presentar. Mi nombre es Ricardo, y te voy a contar como empezó mi adicción al tabaco, y cómo pude superarla.
Empecé a fumar aproximadamente a los 18 años de edad. Bueno, la verdad es que ya intenté fumar mucho antes, pero no conseguí engancharme, ya que fumaba muy esporádicamente.
Mis primeras incursiones fueron, supongo que casi como todo el mundo, en las celebraciones tales como bodas, bautizos, comuniones, ... Lo típico. Un cigarrillo sin tragarse el humo. Te sentías mayor e importante. Ni mucho menos pensabas en lo que podría venir después de todo ese juego inocente. En aquel momento lo último que se me pasaba por la cabeza era lo difícil que sería en un futuro dejar de fumar.
Siempre le di importancia a la vida sana
Procuraba estar alejado del tabaco. Cuando tenía 14 años en el colegio ya me relacionaba con muchos compañeros que fumaban. Eran los chicos rebeldes de la clase, los malos, los que hacían lo que les daba la gana y le faltaban el respeto a los profesores. Esos individuos demostraban lo que valían todos los días fumando cigarrillos.
Yo procuraba alejarme de esos círculos, y relacionarme con el otro grupo de chicos, los no fumadores. Los más domables. Pero los años van pasando y, como se suele decir mucho, las personas cambian. Y así fue como yo también cambié, y empecé a jugar con el humo del tabaco. Empezamos poco a poco, dándole unas caladitas, y nos vamos enganchando sin darnos apenas cuenta de ello.
Primero esos viernes saliendo con algún amigote, y empiezas a fumar. Te compras un paquete de cigarrillos en el estanco. Y te lo reservas para ese día especial.
Te lo puedo decir con seguridad: dejar de fumar es
posible
Fijas un día especial a la semana que compartes con algún amigo y fumas. Luego te empiezas a relacionar con más personas fumadoras, y comienzas a comprar con cierta asiduidad tabaco. Lo fumas todos los días sin darte apenas ni cuenta. Hasta que sin saberlo, ya estás enganchado a la nicotina y a las miles de sustancias tóxicas que componen un cigarrillo.
Te conviertes en una chimenea ambulante. Fumando por doquier, a todas horas, en cualquier lugar (bueno, eso era antes, ahora con las restricciones de la nueva ley antitabaco ya no sería así).
¡Qué te voy a contar!
Años y años fumando. Y siempre crees que puedes dejarlo cuando quieras.
Recuerdo aquella sensación que sentía por las mañanas cuando me levantaba de la cama, e iba a prepararme el café a la cocina. Encender el cigarro y fumármelo olisqueando el aroma de ese café recién hecho. Sólo de pensarlo, todavía me entran ganas de fumar :-)
El cerebro asocia constantemente el tabaco a los momentos, haciéndolos siempre irresistibles. El cerebro asocia inevitablemente el tabaco a cualquier estado de ánimo.
Voy a ponerte un ejemplo.
Cuando estás ofuscado o deprimido, lo que más te apetece es fumarte un cigarrillo. Cuando estás enfadado, el propio malhumor te conduce a fumarte un cigarrillo. Cuando estás contento, la propia euforia te hace fumarte un cigarrillo. Cuando estás exaltado o simplemente preocupado, recurres al cigarrillo. Después piensas. Necesito este cigarrillo. Al fin y al cabo, fumar relaja.
¡Craso error!
Fumar nunca te relajará. Todo lo contrario, te excita, te sube la adrenalina, y la tensión arterial.
Bueno, para hacer la historia corta.
En la actualidad tengo 40 años, y dejé de fumar a los 36 años, hace 4 años. Pero el proceso fue complicado, no te voy a engañar. Primero intentos constantes utilizando diversas fórmulas o estrategias.
- Reduciendo el consumo diario
- Intentar no fumar los días laborables, y solo hacerlo los
fines de semana
- Fumar los días laborables y no fumar los fines de semana
- Cuando encendía un cigarrillo, apuntaba en una libreta el
día y la hora que lo encendía
- Fumar sólo la mitad de los cigarrillos
- Comprar paquetes de 10 en lugar de 20 para así fumar
menos. Al menos, psicológicamente funcionaba
Bueno. Intenté estrategias sin ningún éxito.
Me fijaba una fecha para dejar de fumar
Normalmente solía ser un Domingo
Y me fumaba hasta el último centímetro del cigarrillo. Incluso, algunas veces, me quedaban 5 o 6 cigarrillos en el paquete y me los fumaba seguidos, poniéndome blanco y con sudoraciones de lo mal que me sentaba hacer ese consumo intensivo.
Luego llegaba el Lunes
Me levantaba con unas ganas de fumar que no podía controlar.
¿Sabes cómo acababa la mayoría de las veces? Aunque me avergüence decirlo. En la basura buscando las colillas que tiré la noche anterior. Evidentemente, me fumaba las colillas, y qué bien me sabían las condenadas !!!
Luego me tomaba el cafetito, y salía como una exhalación hacia el bar más cercano, ya que los estancos no estaban abiertos tan temprano, y me compraba el paquetito nuevamente.
¡Otro fracaso más!
Otras veces, no hacía eso. No me llegaba a fumar las colillas. Me levantaba el lunes, salía y aguantaba ese día sin fumar. Evidentemente, el martes era mucho pedir ya. El martes compraba tabaco y a seguir fumando.
¡Es horrible!
También intenté dejar de fumar en momentos de relajación en lugar de stress. Por ejemplo, en las vacaciones.
¡Es curioso el subsconciente!
Aún lo recuerdo.
Durante las 3 semanas que estuve de vacaciones, me costó mucho mantenerme sin fumar, pero estaba en un pueblecito con un río cercano, y rodeado de montes y montañas. Estaba en un entorno muy distinto al de la ciudad. Siempre procurando no frecuentar lugares donde se reunieran muchos fumadores, pera disminuir la tentación y la ansiedad.
Fui capaz de no fumar durante esas vacaciones.
Entonces, en el viaje de vuelta a casa, kilómetro a kilómetro, no notaba nada especial, hasta que empecé a ver anunciarse mi provincia en los carteles de la autopista.
Me entró una sensación de ansiedad incontrolable. Sólo de pensar que volvía a mi barrio, a mi trabajo, a mi entorno, al tráfico diario, fue como si todo se me viniera encima. Y de repente apareció la imagen de mi gran aliado, de mi gran amigo, EL TABACO.
Nada más llegar a mi casa, lo primero que hice fue comprarme un paquete de tabaco, encender un cigarrillo, cerrar los ojos, e inhalar profundamente ese humo.
¡Ya había vuelto a fracasar!
El tabaco es una trampa casi mortal. Digo casi porque hay personas que quizás no fallecen de enfermedades relacionadas con el tabaquismo. Aunque pienso que la mayor parte de los fumadores mueren por los efectos del tabaco, y uno de ellos es el cáncer.
También esa enfermedad se merece un apartado especial en nuestras vidas, porque muy pocas personas son conscientes de lo que es en realidad, y qué se puede hacer para combatirlo y prevenirlo.
En breve, hablaré de este tema en una web específica para ello.
Pero ahora, centrémonos en el tema principal que nos preocupa en estos momentos: cómo dejar de fumar.
Tengo que reconocer que durante mi vida intenté muchísimas veces dejar de fumar sin lograrlo, al menos, durante mucho tiempo. Lo máximo que conseguí fue en esas vacaciones que estuve sin fumar durante tres semanas.
También hay que ser muy consciente de lo que dicen muchas personas que dejaron de fumar y, posterioremente, se volvieron a enganchar. Si dejas de fumar, no vuelvas a inhalar jamás el humo de un cigarrillo, porque si lo haces, volverás a fumar.
Bueno, yo no estoy del todo de acuerdo con este hecho.
Si bien es cierto que si vuelves a probar el tabaco hay muchas posibilidades de volver a fumar. Creo que sobretodo debemos ser conscientes de ese hecho, de lo que representa en nuestras vidas y de lo que puede volver a suceder.
Hay ser muy fuerte psicológicamente.
Yo, por ejemplo. Te he comentado antes que llevo sin fumar 4 años. Bueno, digamos que es cierto. Aunque me gustaría puntualizarlo.
Me acuerdo que dejé de fumar un mes de Marzo, y reconozco que después de estar un par de meses sin probar un cigarrillo, debido al stress, nerviosismo, etc, volví a fumarme un cigarrillo. Incluso después de estar 4 o 5 meses sin fumar, exceptuando esos cigarrillos aislados, los fines de semana los reservaba para comprarme el paquetito y fumarme tres o cuatro cigarrillos durante ese fin de semana.
Eso lo hice durante un par de meses, es decir, hacía ya supuestamente que había dejado de fumar 6 o 7 meses.
Entonces me di cuenta de lo que estaba haciendo. Estaba volviendo a introducir el tabaco en mi vida. Estaba volviendo a caer.
Mi mente estaba ya pensando durante la semana los momentos placenteros que me esperaban el próximo fin de semana fumando. Incluso cada fin de semana tiraba a la basura el paquete, y a continuación, llevaba la basura a un contenedor para que no se me ocurriera hacer lo que había hecho tiempo atrás con las colillas.
Me di cuenta que estaba volviendo a caer. Mi cerebro me estaba volviendo a enviar señales.
Lo que hice fue no volver a comprar nunca jamás tabaco, y de esta manera, pude volver al estado de no fumador.
Todo esto te lo comento porque estas situaciones le suceden casi a diario a todas aquellas personas que dejan de fumar. Son los fases del dejar de fumar. Te confías, crees que lo tienes controlado, y zas ! vuelta a empezar.
Ahora hace exactamente más de dos años que no fumo absolutamente nada de nada porque no me apetece ni quiero hacerlo. Si a partir de ahora, se me ofrece una oportunidad de fumar, yo decidiré si fumar ese cigarrillo o no. Pero soy consciente de que no volveré a ser un fumador.
El momento que cambió mi vida fue cuando leí un libro. Un libro especial, lleno de contenido especial, bien estructurado y explicado con unas palabras que me llegaron al corazón.
Tengo que reconocer que ese libro cambió por completo mi vida, y me hizo recapacitar y ver el tabaquismo como lo que es: una enfermedad que se puede curar.
Me gustaría que te suscribieras a mi lista de personas interesadas en dejar de fumar, y así te podré enviar información sobre ello. Esto lo puedes hacer un poco más abajo.
Me ha encantado de que hayas llegado hasta aquí leyendo y de que hayas leído todo lo que quería explicar, y te agradezco mucho tu tiempo y tu paciencia.
Un fuerte abrazo,

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